Las huellas del pasado en el patrimonio bélico de León

R. ÁLVAREZ, ABC

22/07/2020

La Guerra Civil dejó una huella física en la provincia leonesa que a día de hoy todavía perdura. Las fortificaciones y trincheras construidas por ambos bandos «resisten» principalmente en las zonas de montaña (en diferente estado de conservación) como un recordatorio de lo que fue la contienda. La Universidad de León (ULE) se ha fijado en ellas y, gracias al apoyo económico otorgado en 2019 -y renovado en 2020- por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, el Grupo de Investigación Historia y Memoria Contemporánea (Hismecon) está desarrollando desde el año pasado un proyecto con dos objetivos claros: aumentar el conocimiento de lo que fue esta batalla para la provincia y poner en valor el patrimonio bélico inventariado y analizado.

En 2019 el estudio se centró en la comarca de Babia, donde se contabilizaron 60 fortificaciones o trincheras con un presupuesto para ese ejercicio de 7.994 euros. Y en 2020, según el director de este equipo multidisciplinar de investigadores, el profesor Javier Rodríguez, del Departamento de Historia de la ULE, la Junta les ha concedido 7.986 euros para seguir adelante, en este caso en la comarca de Laciana. «El objetivo es dar continuidad a este trabajo y a ser posible conseguir más financiación que nos permita contar con más recursos. Si tenemos presupuesto nos gustaría, por ejemplo, completar el trabajo con una pequeña excavación con técnicas que no dañen las fortificaciones y que nos puedan dar incluso más datos», señala.

Con todo ello, «además de contribuir al mejor conocimiento histórico de la Guerra Civil», la intención -dice- es «promover que se conserven estos restos patrimoniales y su aprovechamiento, por ejemplo para la creación de aulas didácticas, espacios musealizados, rutas con paneles que señalicen esos enclaves… Tienen un gran potencial desde el punto de vista del conocimiento, de la investigación, pero también turístico», señala.

En buen estado

Además, Javier Rodríguez incide en que el estado de conservación de estas fortificaciones (trincheras, galerías, casetas, búnkeres…) es «aceptable y en ocasiones realmente bueno». Muchas están rodeadas de maleza, pero al estar ubicadas en lugares protegidos y zonas elevadas, en algún caso a una altitud que ronda los 2.000 metros, se mantienen bastante enteras.

En el desarrollo de este proyecto están colaborando humanistas, documentalistas y profesionales de la edición electrónica, la informática y la cartografía (Eloy Algorri García, Miguel Álvarez García, María Luisa Alvite Díez, Leticia Barrionuevo Almuzara, José Luis García Lorenzo, Beatriz García Prieto, Javier Llamazares González, Paloma Morán González, Javier Revilla Casado, Sergio Alberto Peña Pérez, Ignacio Prieto Sarro, Ana Cristina Rodríguez Guerra, Armando Ruiz Campo), que abordan esta etapa de la historia bajo el prisma de las Humanidades Digitales (HD).

Hasta el momento, el modelo de trabajo seguido en la comarca de Babia arrancó con una prospección del área de estudio para localizar las estructuras militares de la Guerra Civil. Posteriormente se procedió a la topografía de los enclaves documentados más relevantes y, gracias a utilización de drones, se obtuvieron fotografías cenitales y vídeos de las fortificaciones. Además se diseñaron dos bases de datos interrelacionadas que permiten el almacenamiento y gestión de la información; recogiéndose exhaustivamente aspectos descriptivos, cronológicos y de geolocalización, incorporando mapas, fotografías, ortofotografías, fotografías aéreas y vídeos.

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